miércoles, 1 de junio de 2016

Marcha cicloturista 7 picos, Requena (28-05-16)

El pasado sábado se disputó en la localidad de Requena una de las marchas cicloturistas más dura del calendario, la marcha 7 picos. Como bien indica su nombre, con siete ascensiones, la mayoría de ellas, con importantes rampas, en un interminable recorrido de unos 190 kilómetros. Allí estuvo presente el corredor del CC Crevillent Jesús Robles, que realiza una crónica de la marcha en primera persona, desde su particular experiencia.

Cómo afrontar una marcha larga y dura por primera vez

Esta es la pregunta que me hacía constantemente los días previos a esta marcha. Hasta ahora no me había prodigado mucho en este tipo de pruebas, siendo la más dura que había realizado el Giro de las Persianas de Sax, que realicé el año pasado, bastante más "asequible", con 125 kilómetros y cuatro puertos.
 

Perfil de la marcha, con 7 ascensiones. Imagen de la web oficial: marchasietepicos.es
 
Suelo leer e informarme bastante acerca de preparación, entrenamientos, nutrución, etc. por lo que gran parte de la teoría la conocía y traté de aplicarla. En primer lugar llegamos con una semana relativamente tranquila de entrenamientos, sin cargar mucho las piernas, especialmente los dos últimos días; la jornada previa apenas un paseo urbano de una hora.

Por otro lado, para un ciclista que no está acostumbrado a realizar tantos kilómetros, seguramente lo más difícil era la alimentación. Los dos días anteriores traté de aumentar al máximo los hidratos de carbono (de absorción lenta, evitando azúcares), sin descuidar las proteínas, y el día anterior evitando ya la fibra, verduras y cosas así. No obstante ya que estábamos de viaje, la cena de la noche anterior cayeron unas copas de lambrusco, qué le vamos a hacer, también hay que vivir.

Finalmente llega el día de la marcha. Al ser tan larga, la salida es muy temprano, a las 8:00, por lo que empiezan los primeros sacrificios: levantarse a las 5:30 algo que a la mayoría nos pica y mucho.

Y nos encontramos en un momento clave: el desayuno. En mi caso, aposté por doblar las cantidades de lo que suelo desayunar antes de las salidas largas (a doble distancia de lo habitual, pues doble desayuno no es mala idea ^_^). Un vaso grande de zumo de naranja natural, dos tostadas de aceite y sal (importante la sal con todo lo que se va a sudar), un buen tazón de leche semidesnatada (aquí allá cada uno, según le cueste digerirla), unas galletas con vitaminas, e infinitos cereales de muesli con frutos secos, mezclados con copos de avena.

Gran ambiente en la salida

Salida y desplazamiento a Requena de unos 45 minutos, llegando aproximadamente a las 7.15h, sin demasiado margen. La organización había escogido un buen sitio, el recinto ferial, donde se podía aparcar sin poblemas (al menos cuando yo llegué).

Una pequeña cola para recoger el dorsal, donde me dicen que no me van a regalar un chaleco y se disculpan por ello, ya que al inscribirte por su web no dejaban claro si lo iban a regalar o había que pagarlo a parte. Como seguiré explicando, muy buen papel de la organización, pero un poco caro todo.

En la "bolsa del corredor" eso sí, de regalo unos calcetines bastante chulos, y una braga para el cuello. El dorsal, con el recorrido dibujado en la parte superior, bonito detalle para llevar la cuenta en carrera, aunque yo por si acaso ya me había imprimido y plastificado (yo mismo, con precinto, claro) también un perfil.

Otro buen detalle, es que los avituallamientos ya estaban activos en ese momento, pudiendo disfrutar de cafés, pastelitos, fruta, etc. Creo que una mgran mayoría pasamos a recoger el café, pensando en esa mínima ayuda que nos proporciona la cafeína, más psicológica que otra cosa.

Algo de cola en el baño, como es habitual y, también de agradecer, papel en los baños, que aunque no era abundante me consta que aguantó hasta el final de la prueba.

Entre "pitos y flautas" a falta de quince minutos estaba terminando de cambiarme en el coche. Una vez listo, imprescindible revisar que estña todo equipado: un bidón de agua, otro de bebida energética, infinitas barritas (no le vi sentido a echar geles al bolsillo para tantos kilómetros), una bolsa de frutos secos (por aquello de la sal), un pastelito con chocolate, la llave del coche y, por supuesto, el móvil para grabar en Strava la marcha. Si no va a grabarse en Strava para qué hacerla :D

Cuando me dirijo hacia la salida, la mayoría de ciclistas ya están colocados. Con ese "morro" que te da correr en carreras, me cuelo un poco por la tangente, colocándome al final del primer tercio de ciclistas, de entre los 600 que tomaban la salida aproximadamente.

Aunque no hubieran molestado, finalmente he decidido no ponerme los manguitos al pensar que luego molestarían (tanto puestos como en los bolsillos) y al ver que la mayoría d elos corredores no los portaban. Ellos sabrán mejor.

Y así, prácticamente en el horario previsto se dio el pistoletazo de salida a esta carrera. Ah, no, marcha. Bueno, iremos viento.
 
El momento de la salida. Imagen cortesía de toprun.es
 

Calma tensa hasta el primer puerto

Los primeros kilómetros, que picaban constantemente hacia (acierto de la organización, para evitar mayores peligros), como era previsible, el gran pelotón se lo tomó con cierta calma, es decir, aquellos que iban lanando el grupo.

Por detrás, la cosa también era algo distinta. Mucha gente quería ganar posiciones y se creaban momentos de tensión, como es habitual. Por mi parte, aunque me costó, con el paso de los kilómetros pude remontar muchas decenas de corredores y situarme al inicio del primer puerto ya entre los cien primeros del grandísimo y estirado grupo.

Sin embargo las primeras rampas del puerto de Negrete empezarían a poner a cada uno en su sitio. Se hizo la subida a ritmo, pero acelerando progresivamente, coronándose a un ritmo ya muy exigente.

En este puerto, yo iba tan hinchado de comida que no tuve buenas sensaciones. Cierto es que se hizo una buena limpieza, y que lo pude pasar sin mayores problemas, pero lo hice en la parte trasera, siempre en las últimas plazas, viendo cómo iba perdiendo unidades el paquete.

Arriba el grupo quedaría recudido a unos 50-60 corredores, aunque en el descenso entrarían algunas decenas más. Un descenso que se me hizo personalmente bastante incómodo, al rodar por terreno desconocido y con ciclistas desconocidos, lo que unido a mi reciente caída en la carrera de Almoines, me hizo tomarlo con mucha precacución. Realmente llegó a cortarse el grupo en algunos momentos, aunque se subsanó la situación.
 
Mientras por delante se habían marchado ya algunos corredores, de esos que tienen mucho mucho gas. La escapada del día.

Tras dejar atrás el embalse, cruzando por unos parajes bastante bonitos, afrontábamos el segundo puerto de la jornada, bastante duro, el llamado pico de Mataparda. Como es de esperar, por aquí delante la carrera estaba lanzada y la gente muy caliente, así que desde abajo a mil por hora, y rápidamente el grupo convertido en el típico rosario de corredores.

En lo personal, me sigo sintiendo hinchado y con gases. Pero siempre que puedo sigo comiendo, pues temo a la parte final de esta marcha tan maratoniana. En este puerto, cedo en un segundo grupo, tercero, si consideramos a los que iban ya por delante. No me he exprimido al máximo, porque sería una locura, pero pienso que los demás tampoco, por lo que me doy cuenta de que hay mucho nivel en esta marcha, al contar unos 70 corredores en total por delante de mí.

Aunque he coronado muy cerca de ese segundo grupo, al que tengo a la vista, en la bajada se me van por completo, siendo atrapado por el contrario por algunos que venían por detrás. Nuevamente el desconocer el terreno y las pocas ganas de caerme me hacen perder posiciones en los tramos rápidos. Seguramente en este punto es donde "se me va la carrera".

Finalmente nos juntamos un grupo de unos diez a quince corredores, para afrontar un tramo rompiernas en busca de la tercera ascensión, ya que, recuerdo, aquí nos nos regalaban ni un metro llano para relajarnos. Un par de ciclistas llevan el peso y nos dejan a pie del puerto, el pico del Remedio, seguramente el más duro de todos.

En este momento empiezo a sentirme mejor. La ascensión tiene todo el rato rampas duras y constantes, y cada uno prácticamente la hace a su ritmo. Paulatinamente se va quedando gente, mientras que los tres o cuatro que aguantamos más adelante por el contrario acabamos dando caza a algunos que se habían descolgado del grupo delantero.

Esta ascensión también he de decir que se me hizo un poco larga al final, pues era realmente dura y fueron casi 30 minutos de subida constante. Mi estrategia, como mandan los cánones, era ir en todo momento con mucha cadencia, y por supuesto, seguir comiendo cada vez que era posible.


Largo y accidentado ecuador de la interminable prueba

Una vez arriba, nos juntamos ahora unos 7-8 corredores, que afrontamos un corto descenso para después empezar con el cuarto puerto de la jornada, éste mucho más tendido, además divido en dos partes, separadas por un largo descansillo.

En nuestro grupo había fuerzas y se rodaba a un ritmo medio. Yo la verdad andaba racaneando en los relevos, temeroso siempre del final de la jornada. En esta primera parte recogimos algún cadáver más, íbamos remontando. Ciertamente no a los primeros (en tiempo), pero sí a muchos que iban cediendo, se quedaban solos y se desgastaban. No lo dudes, nunca vayas solo en una marcha, mide tus fuerzas antes de que pase y elige si aprietas los dientes y aguantas o si esperas a los de atrás.

Tras el descansillo nos plantamos en el segundo avituallamiento. En el primero a nadie de los 100 primeros se le había ocurrido ni parar. Aunque yo pude coger una botella de agua al vuelo, no está mal. Ahora sí, acordamos parar todos en el grupo, echar unos tragos de cola, de bebida isotónica, coger un pastelito, y rellenar los bidones con agua, que extraían de un curioso depósito, aunque a mí personalmente me sabía a tierra, además de coincidirme con un extraño dolor de barriga al rato de empezar a tomarla.

Jesús Robles, rodando en solitario. Imagen cortesía de toprun.es


Tras una parada global a hacer un pipi, en menos de tres minutos ya estábamos de nuevo dando pedales. Algún despistado, incomprensiblemente para mí, tardó más de la cuenta y se quedó cortado en este punto... ya no nos volvería a ver, bueno al menos a mis compañeros.

Digo a mis compañeros porque pasarían muy pocos kilómetros hasta que llegaría el momento clave en mi marcha: justo al empezar la segunda parte de este puerto, le doy a la maneta para subir piñones y no responde. Lo intento de todas las maneras e imposible. Al final me tengo que bajar. Mis limitados conocimientos de mecánica (¡qué útiles pueden ser en marchas de este tipo!) no hacen que la cosa cambie de ninguna de las maneras.

La bicicleta se ha quedado bloqueada con el desarrollo máximo, 52x12. Muy útil para bajadas, pero a mí me quedaban como 1.500 metros por subir aún entre pitos y flautas.
 
Me tomo un par de minutos para pensar. El "resultado" ya está perdido obviamente. Pienso qué puedo hacer. Esperar al coche escoba puede significar esperar sentado en la cuneta por más de dos horas mientras llegan los últimos. Así que mejor espero pedaleando. La opción es continuar.

Hago la segunda parte de este puerto, que antes decía "tendido", retorciéndome y haciendo eses. No puedo pensar aún si tomármelo con calma o apretar. Simplemente voy clavado.

Empiezan a pasarme grupos. Convencido estoy de que el 80% pensando: mira cómo va el globero éste. Algunos me preguntan y les explico mi problema. Me justifico. No sé por qué. Bueno sí, por cortesía, porque por dentro llevo un buen cabreo. 3 marchas he hecho y en dos problemas mecánicos. En la única que no, era neutralizada. En fin.

Al fin corono y empieza el terreno más favorable, una suave bajada y después un buen puñado de kilómetros con terreno favorable. "Qué bien, al menos podré avanzar y ya veré si después cojo un atajo o qué hago", pensaba, para este terreno antes de la traca final, que traía otros tres puertos.

De repente empiezan a moverse las copas de los árboles. Al salir de la sierra se levanta un viento terrible. De cara. Vamos, que ni siquiera puedo bajando mover bien el desarrollo. Tremenda suerte. Pero seguimos...
 
Me alcanzan pequeños grupos, a los que acoplo a rueda como puedo. Pero de vez en cuando siempre aparece un repecho infernal, donde me clavo y veo como se alejan y me vuelvo a quedar solo.

Finalmente me quedo a rueda de un corredor que marchaba en solitario. No me habla ni yo a él. ¡Yo bastante tenía con lo mío! Eso sí, de vez en cuando me mira de reojo, y deja de pedalear un poco, seguramente esperando mi relevo. Me estaría maldiciendo por dentro. Pero yo no estaba para dar relevos ni para hablar mucho.

Después llega otro corredor por detrás y entre ellos sí se entienden, se relevan y se hablan. Yo a rueda. Y con estos dos "amigos" consigo pasar todo este tramo, a veces hasta haciendo la goma en los repechos, pero aguantando con ellos. Bueno, a su rueda, que me perdonen.

Casi casi llegando al tramo final, nos coge un grupo bastante numeroso, unas treinta unidades por lo menos. Tras dar explicaciones a algunos de por qué iba tan atascado, nos plantamos en el avituallamiento, donde obviamente me lo tomo con calma, recargo bidones y como un poco, antes de ver qué hago con estos tres empinados puertos que me quedan por delante.

El hado madrino

Con ya unas horas de bicicleta a las espaldas, la cabeza estaba empezando a tener pocas ganas de pensar. Así que casi por inercia me vuelvo a subir tras el avituallamiento, y empiezo la ascensión del antepenúltimo puerto, el pico Chulilla.

Un puerto de más de 4 kilómetros, con una pendiente media del 5%, pero con varios tramos más duros. Como esta parte inicial, donde ya me quedo totalmente clavado con mi 52x11. Siguen mirándome raro ciclistas a la vez que me adelantan, mientras alguno me preunta si es que hecho alguna promesa. Continuo dando explicaciones a quien me las pide.

Hasta que un buen compañero, tras informarse de mi avería, me ofrece parar un momento para tratar de hacer un apaño. Agradecido, me paro y observo a ver qué se le ha ocurrido a este señor.

Con destreza prueba a introducir ramitas de árbol que recoge en el arcén cada vez más gruesas para tratar de forzar el cambio a un piñón más alto. Finalmente logra hacerlo subir hasta el piñón de 15 dientes. Además esto me suponía poder poner el plato pequeño (con el piñçon pequeño se me salía la cadena).

Le doy las gracias, se lo repito, insisto mil y una veces. Yo seguía para adelante pero no tenía nada claro que pudiera hacer frente a los tres puertos restantes con un indeseable 52x11. Ahora, con todo un 38x15 me sentía Armstrong o Froome haciendo molinillos.

Ya sobre la bicicleta, y con la moral por las nubes (7 horas dan para muchos cambios), intento darle rueda a este buen samaritano, pero va despacito y lo veo que prefiere hacer su carrera e ir a su ritmo. Así que aquí la pierdo la pista. ¡Aprovecho para mandarle un saludo y nuevamente darle las gracias!

La remontada épica

Con este plus de motivación, además de haber tomado todo el largo ecuador de la marcha con tranquilidad debido a las circunstancias, decido exprimirme en la subida. Cuando las rampas son más suaves voy haciendo molinillo, cuando llegan rampas duras, las paso atascado al más puro estido Vinokourov. Me sobra fuerza por todas partes.

Empiezo a adelantar corredores. Qué digo adelantar, quitar las pegatinas. Al final de la subida creo que ya he dejado atrás al grupo de 30 que se fue por delante cuando paré, y posiblemente alguno más.

En la bajada, ahora con 52x15 fijo, me tomo un respiro, como, bebo, es una bajada corta. En seguida empieza la penúltima subida, el pico Chera, más largo, y auqnue con menos desnivel medio, con algunas rampas importantes.

Esoty pletórico. Aunque no tengo a gente a la vista, al final van aparenciendo una y otra vez. Me acerco, los paso, ni siquiera me aguantan la rueda unos metros. Voy a tope. En este puerto hago unos tiempos, me parece, como los de los primeros grupos, y marchando solo.

Corono alcanzando un grupito y nos juntamos otro nuevo grupo de unos 4 ó 5 corredores en el último de los avituallamientos. ¿Por qué no iba a parar? Tampoco me jugaba nada. Me tomo el último trago de cola, recargo un bidón, y cuando llegaba más gente por detrás reemprendo la marcha.

Los dos ciclistas que salían a mi rueda, en la primera rampa del ya por fin último puerto, desaparecen rápidamente por detrás. Esta subida, conocida como el pico de Requena, no es especialmente dura, pero sí larga y expuesta al viento, un viento, que seguía azotando fuerte y frontal.

Con tanto viento hago la subida muy clavado con mi 38x15, además no veo a nadie por dleante ya hasta bien avanzada la subida, que diviso dos corredores al fondo. Los consigo cazar antes de coronar y uno de ellos junto conmigo nos relevamos en la bajada, una bajada también con viento de cara, en la que no se disfrutaba nada de la velocidad.

Cerquita ya de Requena, el otro tipo, que iba a rueda, lo cual no me molestaba, de repente nos ataca y se va. Eso ya sí me molesta. Si tienes fuerzas releva amigo, que además se camina más que haciendo absurdos ataques.

Tras preguntarle a mi otro compañero, el que relevababa, si era verdad que nos había atacado el otro y éste no saber ni qué contestarme, me levanto sobre la bici, acelero y me pongo a su rueda, par aobservar su reacción. Era de esperar, cuando me ve, sigue pedaleando, seguramente por vergüenza, pero más flojito, no sea que yo le vaya a atacar. Pero tampoco es eso, me quedo a su rueda esperando que llegue también el otro compañero.
 
Juntos de nuevo los tres, y muy cerquita ya de meta. Por hacer el tonto nos coge un grupito que venía por detrás con otros 5 ó 6 corredores. Ya estamos en Requena. Una rotonda, otra, y entramos en el recinto ferial, se vislumbra la meta, con un buen grupo de gente animando, la música, el speaker anunciando nuestra llegada.
 
Un par de ciclistas se pegan un buen sprint. A mí personalmente, después de 190 kilómetros, no me apetece. Acelero un poco y llego detrás de ellos, pensando en dejarles un poco de margen pero que no me pasen los detrás para salir bien en la foto. Que seguro hay. No me equivocaba.

Jesús Robles entrando a meta. Imagen cortesía de toprun.es

Cruzo la meta.

6 horas, 52 minutos y 34 segundos después.

En el puesto 126.
 
Lo he conseguido, y de una pieza (por los pelos). Mi salida más larga de todos los tiempos, además en competición (prácticamente) y con nada menos que siete puertos. Así que más contento que un ocho.
 
La marcha ha estado condicionada por la avería. No sabremos qué hubiera pasado sin ella. Lo más probable haber terminado sobre el 60-80, eso si no hubiera desfallecido. Porque también es verdad que al tomarme el ecuador de la prueba con calma, conseguí acabar muy bien.

El ritmo de los primeros, una pasada. Unos bestias y unos máquinas. Algunos limpios, otos seguro que no. Pero bueno, es su pelea, a mí me da igual, yo aspiro a disfrutar sobre la bici y aseguro que lo hice este día.

La organización nos tenía preparado en la meta un buen avituallamiento, con bebidas de todo tipo, por supuesto cervezas incluidas. Aunque el cuerpo solo me pidió una, la verdad es que entraba mejor lo isotónico. Coca, fruta, pasta, la verdad es que yo acabé picoteando de todo un poco y comiendo allí.

Una jornada épica e inolvidable de ciclismo. 7 horas (o 6, como los primeros, o muchas más como los últimos), dan para muchas historias. Ésta ha sido la mía, pero hay 600 historias más, la de cada uno de los compañeros que participaron.

Un saludo a todos. Un abrazo a mi hado madrino. Y a seguir dando pedales.

Enlaces de interés:
Página oficial de la marcha 7 picos 2016
Página de Facebook oficial de la marcha 
Clasificación de la prueba, en toprun.es
Imágenes de la prueba, en toprun.es


No hay comentarios:

Publicar un comentario